martes, 1 de febrero de 2011

Cuestión de orgullo

(Sic). Ahí estaba postrado, casi resignado a su suerte, en duras tablas que parecían todo menos una cama. A penas si se le podía escuchar lo que decía. Pero lo que musitaba era claro, con tono firme, pero cansado. No se puede ver su semblante con claridad. El cuarto esta en penumbra total a las 3 de la tarde -de hecho esa habitación nunca ha conocido la luz eléctrica- hay que conformarse con el tono de su voz.

Está enfermo. Y cómo no estarlo. El piso del cuarto es tierra convertida en barro por las aguas de las constantes lluvias. Las paredes hechas de madera retienen un olor extraño, como de caño. Un cerro de basura se posa al lado del catre aquel. Esa basura que muchos confunden con cosas que, de pronto, algún día volverán a servir, pero que al final son desperdicios llenos de moscas y algunos recuerdos…

No importa su condición, cómo puede se levanta a saludar, y tímidamente pregunta si ya habían ofrecido algo de tomar. Ese, no era un gesto menor para alguien que muchos días no probaba bocado alguno. No hay duda, es un hombre fuerte. A pesar de sus 73 años, sus enfermedades y el lamentable estado de su casa, tenía casi la desfachatez de ofrecerles algo a los comensales.

Se llama Vicente Adán Platero. Pero su resistencia e historia obligan a llamarlo Don Vicente, de aquí en adelante. Vive en una casucha, hecha de chazas de madera, alambres y una que otra puntilla que la soporta. Aunque, en realidad, lo que la mantiene en pie es el corazón de este reciclador, porque sus cimientos son tan (o más) débiles como la honestidad de un político.

El tesoro de Don Vicente

Por más que iba preparado mentalmente, la escena (y sobre todo el escenario) superó, por mucho, las peores expectativas: la puerta de ese hogar es el viejo capo de carro, que junto con una enramada de palos, alambres de púas mal puestos y ladrillos llenos de erosión componen el frente de la casa.

Con fuerza, una amable señora abre el capo vehicular convertido a puerta. Requiere cierta perecía ingresar. Un estrecho sendero de tierra (en los días de lluvia es barro) conduce al patio. Hay muy poco que decir sobre muros, entrepisos o vigas, simplemente porque no existen. Retazos de madera hacen las veces de soporte para unas paredes que parecen sostenidas casi por la bondad del cielo.

Sunilda tiene 53 años, es la compañera de vida de Don Vicente hace más de dos décadas. Habla en voz baja. Lamenta que hayamos ido a visitar a Don Vicente ese día. “Lleva varios días en cama, está enfermo”, solloza. Nos invita a recorrer su terruño. Preocupada porque nuestros zapatos no se ensucien, advierte cada paso; de nada vale decirle que se tranquilice.

La casa se resguarda de la lluvia por centenares de tablas apeñuscadas junto con algunas tejas. Hasta llantas hay en ese techo. Sunilda nos invita a pasar, no sin antes volver a advertir por nuestros pasos. Todo es oscuridad y basura. La luz es un lujo que esa casa no conoce. Una pequeña estufa que funciona por madera (si, aún existen) está prendida. “Esa es la cocina”, dice la improvisada guía. Varias ollas podridas por hollín, dos piedras para machacar la panela, algunas naranjas descompuestas y dos bolsas de arroz, no hay más. Reconocemos la cocina porque Sunilda lo afirma, no hay pared alguna que lo verifique.

Pasos más adelante hay un pozo rodeado de ladrillos. El olor raya en lo fétido. Todos sabíamos que es, pero no queremos preguntar. Sunilda se apiada y dice lo que temíamos. “Ese es el baño”. No es más que un pozo séptico, que muy de vez en cuando se limpia. Espantoso. Pero no hay más. No hay mucho más que agregar…

Ella, parece entender el desagrado que nos representa estar ahí. De inmediato nos invita al cuarto. Nos detiene, primero tiene que anunciarle a Don Vicente nuestra presencia. (Sic) Más parece un centro de acopio de basura, que un sitio habitado por personas. Hay de todo: cajas, baldes, periódicos, zapatos, plásticos y tierra, mucha tierra que, en teoría, es el suelo.

De nuevo recostado, Don Vicente nos agradece la visita. No logro disimular (perdón la primera persona, no hay otra forma) mí voz se corta. Las imágenes de ese muladar, al que Sunilda llama hogar, pasan sin piedad. Comienzo a dudar en preguntar o no, pero a eso había ido. Además de conocer la realidad estaba ahí por una pregunta.

“Don Vicente, es un gusto conocerlo”, dije. No le podía ver la cara por la oscuridad. “Conocí su historia y quiero preguntarle algo, con todo respeto”, continúe. Pasó un escalofrío antes de preguntar, aún así no dudo “¿Don Vicente no ha pensado en la posibilidad de entrar a un asilo para abuelos?”...

Que silencio más incomodo. Juro que escuché el pensamiento de Don Vicente. “¿Quién putas se cree este para decirme en dónde vivir?” Ni pensó su respuesta. Casi susurrando aseguró: “No quiero molestar a nadie. Esta es mi casa. Tengo todo. Sólo quiero que me ayuden para vivir mejor en ella”.

Así, lacónico, no dejó margen de nada. Fue claro, elocuente, contundente. Ese puñado de tablas, basura, hacinamiento, malos olores, penumbra, tierra, matas marchitas es su casa. Su tesoro. Por el cual viene luchando hace 26 años, cuando compró el lote. Ese tesoro que ni los errores de su vida, ni las desgracias del destino, ni sus vecinos, ni mucho menos un aparecido con zapatos bonitos le van a quitar.

Esa casa representa más que un techo donde dormir para Don Vicente. Representa el orgullo de tener algo propio, algo digno de sus luchas diarias con las basuras. Es su casa, de nadie más. Es el fruto del trabajo, de las penurias, de sus abusos, de sus desidias, de sus pecados, de lo bueno y más de lo malo. Ese remedo inhabitable, es su casa, a pesar de frases consoladoras que no pasan de ser estúpidas. Como las mías, que no dejaron de ser bálsamos idiotas…

Mi voz entrecortada se transformó en aíre en mis pulmones. Se me infló el pecho de orgullo. Confieso que no esperaba esa frase de Don Vicente. “Esta es mi casa”. Creo, fue lo más desafiante que habrá dicho en años. Caridad no quiere. Sólo quiere mejorar su calidad de vida. Tiene 73 años, vive en condiciones infrahumanas y aún así, no quiere irse, no quiere abandonar su terruño, lo que por años se enorgulleció llamando suyo. Es un grande Don Vicente, no abandona como las ratas, lucha con lo poco que le dejó la vida, pelea como todos y como pocos por su tesoro, es cuestión de orgullo…

Con aire en la camiseta nos retiramos de ese cuarto. De esa casa. Convencidos que podemos (que debemos) ayudar a Don Vicente. Recorrimos un chiquero, lleno de todo tipo de deficiencias sanitarias. Y este señor no dudo en llamarlo, “mi casa”. Con el orgullo de pocos. Con la obstinación de los héroes.

Si… ¿y qué?

A él no lo hace especial su situación horrible, tampoco que esté a punto de perder su casa por una demanda. Don Vicente no es ningún héroe. Ni mucho menos. No llegó a la situación que vive hoy tan sólo por los avatares de la vida. Mucho tienen que ver sus errores, sus vicios, sus excesos. Esa casa destruida no sólo es cuestión de la inequidad social que destruye este país. También es el descuido de un morador que permitió que su tesoro llegara a tal estado de descomposición.

Es cierto, en este país de mierda muchas familias jóvenes con mejores expectativas de vida, que Don Vicente, tienen una situación mucho peor. En realidad, Don Vicente no pasa de ser una fría cifra más de pobreza de esta nación del tercer mundo. Un habitante más del barrio Paraíso, una de las laderas más convulsionadas de Ciudad Bolívar (Bogotá), una de millones de historias que se mueren con el último aliento de este tolimense que luchó tanto, como se equivocó, pero que aún sigue en pie.

Eso, precisamente eso es lo único que hace especial a Vicente Adán Platero. Que sigue de pie. Que su casa sigue en pie. Ese muladar, que llama insolentemente su tesoro, sigue en pie. Don Vicente tiene orgullo, tiene corazón, tiene esa insolencia que sólo el verdadero orgullo propio construye día a día. Eso, y sólo eso lo hace especial.

En medio de sus enfermedades Don Vicente se las arregla sólo. Cuando puede sale a trabajar recogiendo basura. Ya ha recaudado 300 mil pesos e inició una obra para remodelar su casa. Claro necesita mucho más (casi 4 millones de pesos), pero ya hay personas y organizaciones que lo están intentando ayudar, pero se necesita de un corazón tan grande y tan orgulloso como el de Don Vicente para que su casa no se convierta en escombros en pocos días.

Vive en las peores condiciones, come por la caridad de algunos vecinos, convive con cerros de basura y pequeños animales, viste de harapos sucios, huele mal y su más preciado tesoro se está cayendo a pedazos. Aún así, Don Vicente no le rehúye la mirada a nadie. Mira a los ojos y dice “no quiero molestar a nadie”. Cada vez que sale a trabajar o que le pone un ladrillo más a su casa demuestra que el amor propio y las ganas de salir adelante te hacen especial. Digno de respeto, solidaridad y admiración. Porque al final de la tarde de penumbra la historia de Vicente Platero es cuestión de orgullo…

Si quiere y puede ayudar a Don Vicente Adán Platero puede comunicarse con la Fundación Unidos por Amor, que adelanta gestiones para reconstruir la casa. Click aquí

Si quiere conocer la casa de Don Vicente Click aquí.

Él es Don Vicente Platero

viernes, 26 de noviembre de 2010

Ex ‘Presi’ Uribe: Calladito se ve más bonito, papito…

Cuando uno era chiquito y le hacía notar a su tía los kilos demás que tenía, la mamá pegaba un salto acrobático, agarraba el brazo con fuerza y lo retiraba a uno del alcance de su hermana justo antes de recibir una buena cachetada, por la inocente imprudencia… Lejos de la reunión familiar, con tono firme y varias palmaditas en la cara decía “…mijo, calladito se ve más bonito…” y volvía a la reunión para soportar la cantaleta de la tía que tanto sufría por su peso.

Creo firmemente que al Ex presidente Uribe le falta que alguien le de esas benditas palmaditas en la cara (cual capo italiano) y le haga ver que básicamente si no cierra la boquita o calma los dedos frente al computador va terminar investigado por Baltasar Garzón en cualquier Corte Penal Internacional.

Todos sabían que, tan pronto fuera 8 de agosto y el omnipotente arriero volviera a ser un pobre parroquiano común, sin poder de decisión, sin alabanzas extremas, sin un sequito de lambones a las espaldas y sobre todo sin todo un país puesto en sus carnitas y sus huesitos, éste iba a estallar; lo que no se sabía era cuándo.

El prefijo Ex no le cuadra mucho a Uribe. Parece como esas parejas que se resisten a entender que la relación ya se acabó y siguen llamando la atención. La forma que encontró el Ex gamonal fue irse lanza en ristre contra la Justicia en Colombia y generando controversia, polarización e intolerancia (como si no hubiera suficiente ya) que termina afectando al país que dice defendió con honor y compromiso (cosa que es cierta).

Este paisa ve como el país empieza a mirar para otro lado y le provoca morderse un codo. El nuevo Santo presidencial ha empezado una gestión llena de buenos proyectos, pero ningún resultado concreto y visible, eso sí, se zampó un discurso de una hora diciendo lo que ha hecho en 100 días, que la verdad es poco, pero le sonó bonito. Tras ese buen inicio dialéctico el nivel de popularidad del actual presidente llegó al 73 por ciento, nivel más alto de aceptación que el de su predecesor y eso fue como haberle mentado la santa madre al patriarca.

Convenientemente arrancó una campaña de medios para aparecer hasta en el Boletín del Consumidor (por poco sale amenazado por convivencia). En la últimas semanas lo único que le roba el centro de atención al arriero ex presidencial es la forma apocalíptica de llover, pero Álvaro (hay cogerle confianza) se roba la atención, sabe que todo lo que dice -o escribe en Twitter- tiene una repercusión telúrica en el país.

Básicamente defendió a sus protegidos y tácitamente les dijo que mejor empacaran los ‘coróticos’ que esto esta vuelta se complicó. Defendió el asilo de bellos personajes de fauna política del país y aseguró que en Colombia no hay garantías para su juicio y ahí fue Troya.

Al pobre Santos le tocó salir a decir con voz temblorosa y más asustado que novia con retraso que “…en este país lo que hay son garantías, que tranquilos…”. Y si, contradijo al gran maestro, al héroe, al Godfather. Era otra de las cosas que se sabían, ambos iban a chocar y duro, lo que no se sabe bien, de nuevo, es cuándo.

Uribe esta borrando con el codo el trabajo que hizo durante ocho largos años. Aunque es un lugar común, no deja de ser verdad. Así muchos primero se dejen depilar con cortaúñas antes de reconocerle un logro del ‘Ex Presi’ hay que decir que el señor trabajó y liberó al país de unos narcoterroristas que hacían lo que querían, además regresó la confianza inversionista a Colombia, es no se puede negar.

Claro, cometió errores, unos muy graves y hasta punibles (traducción: que lo pueden echar a la cárcel), pero para eso tendrá que pasar mucha agua por el puente y, a decir verdad, no creo que eso pase o que el pueblo raso lo permita. Pero con esas salidas pendencieras, fuera de tono y a veces inexplicables, nuestro Mesías Paisa se está buscando problemas tontos y sin sentido.

Todos entendemos que es un madrugador, con espíritu de capataz de finca y necesita estar haciendo algo y que requiere ser el centro de atención, pero con sus salidas en falso demuestra que no acepta dejar de ser el número 1, Él que contrata, Él que firma, Él que todo lo puede, Él que da puestos, mejor dicho todo… No hay resignación, mucho menos entendimiento, es Él no puede ser el 2.

El caso es que el ‘Ex Presi’ se está volviendo una molestia para el país. Como sus opiniones lo único que hacen es polarizar, cada vez que habla unos se cortan las venas para atacarlo, otros prenden las antorchas para defenderlo y en la mitad los pobres paganos son los que quieren que esta patria boba medio avance, mientras que el ego de este ilustre personaje detenga las locomotoras de desarrollo, que bien lento que si van.

Aunque mí conocimiento político es bien pobre (como en casi todo) tengo entendido que el trabajo de los Ex presidentes es robar al Estado, ganar un sueldo vitalicio y aparecer en cuanto cóctel se inventen. Pero a juzgar por los hechos ese no es el futuro para nuestro ‘Ex Presi’. Él es como los niños pequeños cuando llega a la familia un bebé; se siente amenazado y quiere la atención absoluta de mamá (los colombianos)….

El problema es que Uribe se está pareciendo a los pollitos paso cagadita, paso cagadita y va camino a un juicio tonto. Creo que a este magno hombre lo debería juzgar la historia y no una Corte Suprema llena de politiquería y ganas de figurar. Por eso ‘Ex Presi’ Uribe recuerde: Calladito se ve más bonito, papito…

viernes, 29 de octubre de 2010

La carta del convicto y el jabón

Al palpar la carta se puede sentir la fuerza con la que la escribió, me imagino su puño rojo, con las venas de la mano brotadas. Sus palabras son elocuentes y la vez desgarradoras, se esfuerza por no magnificar la miseria en la que esta, pero el papel no le permite disimular, no hay duda, vive un fuerte castigo.

Firma con su nombre completo, pero no se puede decir quién es. La envía desde una cárcel de máxima seguridad, pero no se puede decir desde cuál. Cometió un crimen que acepta con deshonra, pero con gallardía. Y hace una solicitud que sorprende, pero que a la vez lástima.

En medio del trabajo diario llegó. En el sobre se ve el sello de remisión de la cárcel. Sin siquiera abrirla ya se sienten las letras como si fuera un braile. Inicia con un caluroso saludo de rigor que demuestra que el escrito fue pensado y ‘recontrapensado’, -de todas maneras en una cárcel ¿qué más se puede hacer si no es pensar?- Mencionaba a Dios sin censura alguna, lo nombraba con buenos deseos para el posible lector. Una muestra de fe es que haya llegado a algún destinatario.

Después pasó a contar su pecado (sin entrar en mayor detalle). Simplemente reconoció que en algún momento de su vida se había equivocado y tiene que cumplir una condena de 30 años. Ya ha pagado 7. Insistió que la vida cobra los errores y que él acataba con dolor esa máxima. Esa circunstancia de su vida (como llama a su crimen) no debió ser algo simple. En un país donde la justicia es un canto a la bandera ser condenado a 30 años es un castigo descomunal.

Sin mediar regla de redacción alguna (tediosas de por si je) se dispuso a solicitar. Como venía el texto era de suponer que pediría una ayuda económica o colaboración para su familia. Sus palabras empuñadas se notaban desesperadas, escritas sin prisa, pero sin pausa, con tinta negra, detalle no menor, si se tiene en cuenta que esto denota seriedad, su caligrafía es buena, la ortografía para el olvido (pero no soy quién para hablar de ese tema particular)...

Aún me cuesta creer la solicitud de este convicto. Me sorprendió. Pudo pedir desde un abogado hasta un complejo turístico ¡qué sé yo! Pero lejos de eso. Solicitó algo tan cotidiano, tan común, tan necesario… Cuando las letras llegaron a su solicitud, en mi cabeza retumbaron estas sentencias “Carajo este ‘man’ pide un jabón y toalla ¿qué mierda le está pensando?…”

Al continuar la lectura en busca de un argumento, por mínimo que fuera, que dijera por qué. Simplemente, el convicto, dejó una lacónica frase, que por más que se lee y relee no tiene lógica alguna, o por lo menos no para el suscrito.

“…es que no tengo a nadie…”. Fue simple y certero. Fue frío. Sólo necesitó 6 palabras para que entendiera que la vida cobra los errores, no sólo con encierro, también con la más profunda soledad.

Que duro debe ser. Pensar que atraviesa la más dura prueba y sólo lo acompaña una hoja cuadriculada y un bolígrafo, que le sirve para pedir un jabón y una toalla a cambio de una posible bendición del Todo Poderoso.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La ‘miserable’ época del Black Berry

Con una sonrisa, antecedida de un trago de cerveza, se dispuso (como pocas veces) a contar un chiste. “¿Ahora cómo se reconoce a un pobre?.. Fácil, porque tiene la cabeza erguida, por no tener Black Berry”. Risas… Y si, fue un chascarrillo exitoso, porque cumplió la máxima de retratar una realidad cruda, cierta y palpable con humor.

Ella, excelente persona por demás, descubrió hace poco ese ya no tan novedoso aparato que mantiene conectados a todos con todos en cualquier momento, hora y lugar. Tan conectados que a toda hora se habla con alguien. Tan extremo es esto (de la conectividad) que ahora se conoce como una moda anticuada mirar a los ojos de alguien mientras se sostiene una conversación, hay que resignarse a la frase “espera un momento que me están hablando”…

“ X pregunta: ¿Cómo va tú cita?, Y responde: Mal, este ‘man’ es más aburrido que ver los gordos de Marbelle”. Así, en cuestión de segundos un amigo (a) ‘sin vida’ (ya ahondaremos al respecto) conoce cómo su amiga pierde tiempo en otra cita amorosa inoficiosa. Y lo peor ¡delante del pobre infeliz que va a pagar toda la cuenta de la salidita!

Ni el horario impide la absurda conectividad. En plena rumba de viernes, cerca a las 2 de la madrugada ella se quejaba de la música, el sitio y la compañía, de todo. Sus dedos se movían en extrema velocidad, su cabeza gacha demostraba que nada de lo que pasaba a su alrededor le importaba. Él, mientras tanto, acostado viendo al techo (imagino) disfrutando de las quejas de ella sobre su ‘famosa’ rumba y sus letárgicos amigos.

De verdad que alguien si tiene que tener muy poca vida para estar preguntando a las 2 de la madrugada “¿Cómo va tu rumba?” Qué triste debe ser para alguien tener que comentar en una red social o en teléfono cómo otros disfrutan de la vida, salen o simplemente se interrelacionan. Puede ser que sea la única forma de interrelacionarse que este ‘sin vida’ encontró y le agradece a la vida que algún chino se haya inventado esto del Black Berry.

Qué ‘miserable’ es esta época, todos saben todo, y no porque quieran saberlo, simplemente porque todos cuentan todo, nada queda a la imaginación, es que ni siquiera queda para una conversación, porque apenas se intenta sucumbe ante la vibración del BB cuando algún ‘sin vida’ quiere saber “¿con quién estas?”…

Eso sin contar aquellos que tienen acceso a las redes sociales desde su ‘telefonito’. A esos que saben todo y de todos, creo que deben tener un problema en el cuello porque las veces que tiene erguida la cabeza es para escribir en la pantalla del computador.

Las redes sociales una de las grandes expresiones de libertad personal

Es cierto, con la llegada de las nuevas tecnologías (comunidades 2.0, tecnologías móviles) las formas de comunicación y expresión cambiaron radicalmente. Hoy sin que veas a alguien sabes qué hace, dónde vive, qué problemas tiene, a qué horas come, hasta a qué horas va al baño, todo.

Pero eso se conoce si y sólo si (homenaje a Rodolfo Bello) alguien cuenta cuanto detalle pasa en su vida. Las redes sociales llámense como se llamen son un culto a la libertad de expresión. Cuentas lo que otro quiere saber; escondes, eliminas o simplemente ignoras aquello que poco interesa. Es más en muchos casos se adquiere una personalidad completamente diferente, casi siempre mejorada, de lo que se es en la cruda realidad de la calle y el cara a cara.

Todos, sin excepción alguna, de los que participan en la redes sociales de una forma u otra buscan atención, ser reconocidos por alguien, que alguien se ría de algún comentario, que lo aprueben o simplemente que le den una palmadita en la espalda. Esto lo llaman los expertos interrelacionarse. Es algo común, todos lo hacemos todos los días, es más de eso vivimos.

Claro, en medio de tanta libertad no faltan aquellos que viven y mueren de sus relaciones virtuales, aquellos que cuentan todo y todo. Lo que les pasa, lo que piensan, cuando tienen novio (a), cuando no, qué comieron, de qué equipo son hinchas… todo. Son esos conocidos como ‘sin vida’. Eso sí, ellos son libres de hacerlo y nosotros libres de eliminarlos.

Hay una frase que hace carrera en la web (no sé de quién es) “Nadie es tan feo como en su cédula, tan bonito como en su Facebook, o tan divertido como en su Twitter, ni tan bueno como en su Hoja de Vida". Por ejemplo esta entrada de blog es, sin duda, una forma ‘miserable’ de aprovecharse de esta época.

Cuánta razón tiene mi amiga: los ‘pobres’ siguen con la cabeza erguida, mirando a los ojos, interrelacionándose a la antigua, y quejándose de sus citas en la comodidad de su casa. Al final de cuentas todos somos libres de relacionarnos como se nos dé la gana, así sea de forma ‘miserable’…

viernes, 6 de agosto de 2010

El legado de Uribe fue El Extremismo

O se idolatra o se sataniza. Ningún punto medio. Para unos todo es, fue y será excelente. Para otros todo es, fue y será criminal. Los que lo veían como el Mesías eran Paramilitares. Los que lo veían como la reencarnación de Belcebú eran Guerrilleros. Esa polarización fue el verdadero legado de Álvaro Uribe Vélez (el arriero presidencial).

Él nunca fue de medias tintas durante su mandato. Cazó peleas al por mayor y detal, en lo posible fue sincero. Como pocos mandatarios tuvo logros. Y como pocos mandatarios tuvo tan crasos errores. En estos 8 años nunca conoció el equilibrio: A sus amores los consintió con prebendas y puestos. A sus odios, los persiguió y los puso en el ojo del huracán. Así de simple.

Pocos (muy pocos) fueron justos con las carnitas y los huesitos de Uribe. Sus seguidores nunca vieron pecado, lo pusieron en un pedestal intocable. Ante sus errores creaban cortinas de humo, buscaban responsables, desviaban la información, chuzaban (y no precisamente con inyecciones). Todo para que él siempre saliera inmaculado.

Mientras que sus detractores nunca vieron algún logro en su gestión. Todo fue malo. Los Consejos Comunales eran baños de popularidad. Sus logros contra la guerrilla fueron paños de agua tibia. Su proceso de reinserción con paras fue el circo de la impunidad. La real inversión extranjera eran mentiras paliativas. Sus políticas de vivienda fueron mínimas. Mejor dicho todo mal, todo hasta la forma de sonreír.

Que injustos fueron con Uribe. Pocos tuvieron la sapiencia de no meterse en ese maremágnum de defenderlo o atacarlo a ultranza. Con Uribe fue sencillo: el que no estaba con él, estaba contra él. Polarizó al país. Sin ser extremos recordó la época pre Frente Nacional, sólo que esta vez fue una especie de guerra fría, que no paso de los improperios de parte y parte.

Cabe resaltar que aquellos que estaban en contra eran la inmensa minoría. Así lo ratificaron las cifras durante los dos Mundiales de mandato. Ellos, (los opositores) sintieron que eran los únicos que veían claramente la realidad del país. Veían a los seguidores del ‘arriero’ como una turba embelesada por una deidad. Una caterva de ignorantes que se dejaba manipular por los dichos paisas y el manejo gamonal.

Esa minoría se representaba a las claras por columnistas que regaron litros y litros de tinta atacando por todo y por todo a Uribe. En muchos casos sus denuncias y aseveraciones eran verdades de peso y comprobadas. Pero siempre manejaron un línea editorial errada, que trató a los colombianos ‘uribistas’ como pobres, brutos, subdesarrollados y despectivamente los llamaron ‘Uribestias’.

Y es que ver a personas de altas calidades como: María Jimena Duzán, Daniel Samper (padre e hijo), Claudia López, Vladdo (en nombre de él casi todos los caricaturistas), Felipe Zuleta, Ricardo Silva, Daniel Coronell, por nombrar algunos, empecinados en mostrar la otra Colombia fue un golpe editorial para muchos lectores. Simplemente porque ellos siempre menospreciaron al colombiano promedio. Sin decirlo, pero susurrándolo dejaron entender que los ‘Uribistas’ vivían de la maldad del arriero. Pego una reflexión del señor Mario Fernando Pardo que resume tanta tinta desperdiciada “El antiuribismo editorial llegó a tal punto que sus autores perdieron no solo la objetividad sino además su lecturabilidad”.

Ni fue Dios, ni fue el diablo. Nadie le podrá negar sus logros. Será parte activa de la historia de este país. Creo, fue el único político en la historia colombiana que cumplió su promesa de campaña. Detuvo a las farc y eso le basto. Tampoco nadie le podrá negar sus errores: La pésima (por decir lo menos) gestión social y los monstruosos falsos positivos, sus dos lunares más oscuros.

El legado real que deja Álvaro Uribe fue El Extremismo político. Pocos entendieron que Uribe es, fue y será un humano: Que cometió grandes errores, pero que tuvo grandes logros. Así ninguno de los dos extremos de este barranco que es Colombia lo quieran aceptar…

miércoles, 14 de julio de 2010

Ingrid Betancourt no merece tanto odio e intolerancia

Lo reconozco, apenas escuché la noticia de la famosa demanda de Ingrid Betancourt contra el Estado también se me salió un completo ‘madrazo’ contra ella. Pero ya con un poco más de calma y análisis (lo poquito que mi intelecto permite) creo que esta señora no debió ser acreedora a tantos insultos y difamaciones.

Hay que reconocer que para humillar a alguien los colombianos somos expertos. Usted lo ha hecho en cualquier reunión de amigos montándosela al que más papaya haya dado en la noche. Pues algo similar le pasó a la señora Betancourt dio papaya, para que todo el mundo le cobrará una vieja deuda que tenía con esta aristocrática mujer.

Muchos (me incluyo) muy en el fondo pensábamos que la suerte de muchos secuestrados era culpa de Ingrid Betancourt, sencillamente porque era la joya de la corana, esa joya que le daba poder y terreno a los narcoterroristas. Pero estos pensamientos casi pecaminosos se disolvían rápidamente tan sólo con aquella imagen de supervivencia, donde esta señora parecía un espíritu sin vida, que retrataba sin piedad la crueldad del secuestro.

El hecho que haya demandado al Estado por una cifra tan exuberante (15 mil millones de pesos) fue el detonante para que le cayeran como si fuera Maradona celebrando una victoria argentina en la Plaza de Bolívar. Tengo que ser honesto en algo. Sé que los colombianos somos intolerantes, pero con este episodio pusimos un estándar muy alto. Creo que muchas reacciones, afirmaciones, invenciones fueron exageradas, casi xenofóbicas.

La señora Betancourt puede defenderse por sí misma, no requiere defensores de oficio, ni más faltaba. Pero la verdad nos debemos quedar pasmados cuando miles de ‘lindos’ colombianos desearon fervientemente que esta mujer volviera a la selva. Muchos lo hicieron como una broma, otros como una reacción incendiaria, otros (la mayoría) por pura ignorancia. Pero sería decente preguntarse ¿alguien realmente dimensiona lo que es estar SECUESTRADO durante 6 años? Eso es como la muerte: muchos escuchan sobre ella, pero nadie sabe de verdad cómo es.

Creo que la señora Betancourt calculó mal. Nunca pensó que tras su demanda llegará esta reacción tan enérgica y voluntariosa por parte de millones de personas. Es más, creo que ella pensó que se iban a solidarizar. Grave equivocación. ¿Cómo solidarizarse si muy pocos saben de ese calvario? ¿cómo entenderla si todos tenemos claro que ella misma propició su secuestro? ¿cómo acompañarla si las historias de la selva la retratan más mala que la bruja de Blancanieves? Sin embargo ¿con qué derecho la juzgamos si ella sobrevivió a un castigo casi insoportable?

Muy a mi pesar, tengo que estar de acuerdo con la mamá de la mamertas, doña Claudia López, quien expresaba algo muy justo. Si Ingrid demanda, y no tiene la razón, pues simple, que una Corte lo juzgue y lo rechace, así de simple.

Los secuestrados y sus familias se convierten en ciudadanos especiales. Porque ellos son y siempre serán las victimas más sufridas de una guerra civil como la que vive este país. Ellos, pasaron por un calvario único y extremo, que no tiene comparaciones. ¿Alguien sabe, cómo se puede cuantificar el hecho de dormir a la intemperie, con un fusil en el rostro, sin su familia, cara a cara a la muerte todos los días, sin esperanzas, durante años y años?

Es innegable que esta señora metió las de caminar. Sería un acto de estupidez defenderla, sin contar que mató su vida política para siempre. Pero, realmente el hecho que a ella se haya equivocado ¿es razón suficiente para desearle que vuelva a la selva?

En un país donde padres violan y matan hijos, donde mueren personas por una mala frenada de buseta, donde hay muertos por un partido de fútbol… pues esta es otra demostración del nivel de bajeza y violencia en la que se vive en Colombia. Tanta intolerancia y odio asombra y asusta.

sábado, 12 de junio de 2010

Segunda vuelta: la competencia entre malo y perverso. Porque peor es posible

Muchas conclusiones dejaron los resultados de la primera elección presidencial. Primero saber que los que votan en Colombia son y serán siempre los mismos, con maquinaría o sin ella. Santos ganó simplemente porque es la mejor representación de los colombianos. Mockus es como los pollitos, paso, cagadita, paso, cagadita. Y por último, las encuestas que tienen más poder que las propuestas.

En una segunda vuelta sin emociones porque todo el mundo ya sabe quién va a ganar, poco hay para destacar. Los verdes han hecho dos cosas en estas semanas. 1 Quejarse y llorar como una cajita de pollos, debido a la sospecha que robo de votos y fraude electoral, a sabiendas que en este bello país, robar votos es algo tan común como ver haciendo estupideces al sátrapa que dirige la selección de fútbol de este país. ¿Qué esperaban, que no hiciéramos lo que mejor hacemos? Trampa. Sé que son primiparos en esto de las elecciones y maquinarias, pero no es excusa para la estupidez.

2 Siguen equivocándose al menospreciar a todo aquel que cometió (y cometerá) la osadía de no haber votado por el candidato. Afirman sin piedad que, aquel que no vote por Mockus es bruto, ignorante, que bota el voto y destruye la poca esperanza que le queda a este país. Olvidan que en este país somos más los bruticos, y que aquellos que votan poco le jalan a las mal ponderadas redes sociales.
Por su parte el candidato/perdedor Antanas Mockus decidió jugarse la carta de político antiguo, buscando confrontaciones, atacando al rival y mostrando mensajes más contundentes, a ver si captura los votos de los que se quedan en la casa durmiendo el guyabo. Algo tarde para eso, debió hacer esto cuando su campaña estaba en la cresta de la ola, cuando las famosas encuestas lo apoyaban, ahora solo son pataleos de niño que no quiere al jardín. La única esperanza de este culebrero (porque solo sus seguidores lo entienden) es que ya las encuestas dan como ganador a Santos; y ya sabemos lo precisas que son nuestras encuestadoras.

Lo más preocupante del caso es que, la oposición de este país va caer en manos del Partido Verde que sigue creyendo la falacia inocente que el cambio viene de la mano de la educación (premisa que es cierta en cualquier parte, menos en Colombia) y los del Polo, que son y serán eternos perdedores. Complicado panorama, más cuando lo que se va a necesitar es una completa fiscalización de todas las picardías que realizará el bueno de Santos en sus ocho años de reinado.

Bueno, y hablar del candidato/presidente/pícaro Santos es como hablar del malo de la película, con la diferencia que esta vez si gana. A este señor se le puede achacar cuanta cosa corrupta, violenta, politiquera, deshonesta, y se quedaría corta. Sin mencionar que es la representación caminante de la oligarquía de este país. Esa que no le da pena sentir asco por los pobres, esa que considera a los menos afortunados como extranjeros. Será tal la decidía de este candidato que ni en campaña se le vio dándole un beso al bebé de un pobre. ¿Qué se le puede pedir a alguien que tenga una esposa que se hace llamar ‘Tutina’?

Podríamos hablar pestes días (hasta meses) enteros del próximo presidente, pero para eso están los Danieles Samper, las María Jimenas, que parecen como loquitos en el desierto hablando solos. Nada se quedaría corto o sin verdad, el problema es que este señor ya ganó y lo que se ve en el horizonte es malo –por decir lo menos-.
Corrupción en su mayor proporción, ricos recontra ricos, pobres recontra violentos, Chávez expectante y eso sí, un buen periódico…

Muchos jóvenes de la ya aburrida ola verde, se preguntaban por qué los colombianos siempre eligen al peor, por qué entre más los joden, más sonríen. Mi teoría es simple. La genética, no olvidemos que somos descendencia de esclavos, nos gusta servirles gentilmente a los mismos, por siempre y para siempre. Es la única explicación, que le veo, porque si no es así, queda el masoquismo, pero ya es muy extremo.

Para hacerle caso a un amigo ( recomiendo su blog) que me sugirió entradas más cortas. Habrá que concluir que la elección del 20 de junio es una simple competencia entre un incapaz como Mockus y un personaje oscuro y corrupto como Santos. Una elección que hace rato tiene ganador y hace rato determinó millones de perdedores: los colombianos.

Nota: Como Liberal declaro mi vergüenza por las ratas que se adhirieron a Santos, por un puestico. Fueron ocho años opositores y ahora son más uribistas/arribistas que José Obdulio. Una demostración más de la calidad de los políticos colombianos. Ratas.